Radiofrecuencia facial: da luz y vida a tu rostro

Quieres que tu rostro parezca más luminoso, que la piel de tu cara parezca más joven y radiante, pero no quieres someterte a ninguna intervención quirúrgica. No hay problema, ya que existen alternativas menos invasivas, como la radiofrecuencia facial.

Se trata de una nueva técnica no quirúrgica que actúa sobre la piel al nivel de la dermis profunda y las capas subdérmicas. Sus efectos son como los de un lifting, pero sin los inconvenientes de pasar por el quirófano.

La radiofrecuencia es un tipo de corriente eléctrica alterna que resulta muy eficaz para tensar la piel. Técnicamente, la utilización de la radiofrecuencia genera un tipo de energía que se usa para elevar la temperatura de los tejidos.

El proceso consiste en aplicar calor sobre la piel, lo que crea una resistencia en el interior de los tejidos en forma de aumento de la temperatura; debido a este calor que reciben, las células encargadas de la producción de colágeno (los fibroblastos) despiertan del descanso en que los sume el paso del tiempo, y reactivan así sus funciones vitales. Es decir, el calor que les llega por la radiofrecuencia facial estimula la creación de nuevas fibras de colágeno, responsables de la firmeza y la elasticidad de la piel.

Los beneficios de la radiofrecuencia facial

Con la radiofrecuencia facial a corto plazo se logra una mejoría en la calidad de la piel, gracias a la vasodilatación. Por otro lado, a largo plazo, se obtiene un efecto de tensado, gracias a la estimulación y a la formación de nuevo colágeno.

Mientras tiene lugar todo este proceso en el interior de la piel, la superficie de la misma no experimenta ningún tipo de alteración o molestia, ya que la piel está protegida por un sistema de enfriamiento que proporcionan los aparatos de radiofrecuencia facial. Este tipo de tratamiento, por tanto, no provoca dolor alguno.

Una vez que nos hemos sometido a una sesión de radiofrecuencia facial podemos volver a la vida normal sin necesitar ningún período de recuperación. Algunos pacientes podrán experimentar algún ligero enrojecimiento (similar a la de una quemadura solar), que normalmente desaparece en una hora. Algunos de los aspectos más positivos de esta técnica son que no es necesario ningún tipo de cuidado especial después del tratamiento, y que sus efectos empiezan a ser evidentes a partir de la segunda sesión.

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