¿Crema, gel, sérum, fluido…? ¿Qué elijo?

Los productos para nuestra piel se presentan en diferentes formatos y, aunque pueda parecerlo, no todos son lo mismo ni se emplean del mismo modo. Por ello hay que saber diferenciarlos, ya que según nuestro tipo de piel puede ser más conveniente unos que otros. Si eliges el producto y la presentación adecuados podrás evitar errores en el cuidado de tu piel y favorecer los efectos que estás buscando.

Antes de nada debes tener en cuenta qué tipo de piel tienes: grasa, seca, mixta, normal, sensible… porque de ello depende también qué composición elegir.

Después, hay que tener en cuenta la edad de la persona que va a utilizarlo, la parte del cuerpo a la que va destinada y los principios activos que tiene, que determinarán qué resultado estamos buscando.

Los geles: tienen una textura a base de agua, por tanto ligera. Están recomendados para pieles con tendencia grasa y posibilidad de padecer acné. Se incorporan a la piel de manera sencilla y no aportan brillos o grasa.

El sérum: tiene una textura ligera que hace que tenga una fácil absorción, por lo que es aconsejable para todo tipo de piel. Tiene una gran concentración de principios activos, por lo que sus resultados se notan enseguida. Es aconsejable usarlo de noche para que esos principios activos penetren en la piel y el producto tenga mejores resultados. El sérum se contempla para tratamientos específicos como disminuir arrugas, eliminar manchas, revitalizar o reafirmar, y cura problemas de la piel como la hiperpigmentación, líneas finas, y sirve además para tratar las arrugas.

La crema: está compuesta por una mezcla de agua y aceite está indicada para personas con piel normal o seca que sufren sensación de tirantez. Su textura es semisólida y se emplea para proteger e hidratar pieles expuestas a ambientes secos. Como tienen mayor cantidad de aceite, se recomiendan para pieles maduras, es decir, personas mayores de 60 años que con el tiempo han perdido la grasa natural de la piel.

Loción: recomendada para aplicar en zonas pilosas y para pieles grasas, porque refresca, hidrata y cierra los poros. Hay que tener cuidado con las que contienen alcohol porque pueden causar ardor en algunas partes del cuerpo. Hidratan sin causar brillo, tienen alto nivel de absorción y no alteran la piel con tendencia al acné. Muchas se recomiendan para ser usadas a diario después de la limpieza de la cara y antes de aplicar la crema hidratante.

Tónico: proporciona una ligera hidratación, ideal para pieles secas, grasas y mixtas, y equilibra el pH ácido naturalmente de la piel. Los productos tonificantes tienden a ser similares al agua y vienen en recipientes grandes. El tónico se convierte también en algo imprescindible si además deseas garantizar la hidratación profunda de la piel y, de paso, la recuperación de ésta tras haber lavado el rostro para desmaquillarnos.

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